Salvatore Accardo es considerado uno de los más grandes violinistas de nuestro tiempo.
A los tres años comenzó a interesarse por el violín ya los ocho años fue admitido en la Escuela Napolitana del Maestro Luigi D’Ambrosio. En junio de 1956 se examinó en el prestigioso Conservatorio San Pietro de Nápoles, con cinco años de antelación. Posteriormente, fue admitido en el curso de perfeccionamiento de la Academia Musical Chigiana de Siena.
Dio su primer recital a los 13 años tocando los Caprichos de Paganini. En 1956, ganó el Concurso de Génova y en 1958 obtuvo el primer premio del Concurso de violín “Paganini”. Fundó el Cuarteto Accardo en 1992 y fue uno de los fundadores de la Academia Walter Stauffer en 1986. También creó las Settimane Musicali Internazionali en Nápoles y el Festival de Cuerda de Cremona en 1971.
Accardo posee varios violines, entre ellos los Stradivari Hart ex Francescatti (1727) y Uccello di Fuoco ex Saint-Exupéry (1718) y un Guarneri del Gesù del 1734.
Da clases en la Academia Musicale Chigiana desde 2004. Gran virtuoso del violín, es especialmente famoso por su interpretación de las obras de Paganini, de quien ha grabado los Caprichos y los Conciertos para violín y orquesta (con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de Londres, bajo la batuta de Charles Dutoit), siendo el primero en hacerlo. Ha colaborado con las principales orquestas internacionales y con los directores más prestigiosos, como Carlo Maria Giulini, Claudio Abbado, Riccardo Muti, Yuri Temirkanov, Colin Davis, Kurt Masur, Charles Dutoit, Lorin Maazel, Sir John Barbirolli, Kirill Kondrashin, Antal Dorati y muchos otros.
A lo largo de su carrera ha colaborado con grandes intérpretes, como Maurizio Pollini, Martha Argerich, Radu Lupu, Pierre Fournier, MtislavRostropovich, Jean Pierre Rampal o Isaac Stern, entre muchos otros.
“Como siempre recuerdo a los jóvenes, la música de conjunto es un valor fundamental para un músico completo, un enriquecimiento continuo escuchándose a sí mismo escuchando la voz de los demás. El trabajo en orquesta y música de cámara es básicamente una metáfora de la vida: la libertad se conquista respetando la de los demás, reforzando el potencial de cada uno y creando una armonía total”.


