La discípula de Martha Argerich
La pianista Akiko Ebi no ha faltado a ninguna de las citas con Liceu Cambra, donde siempre ha hecho gala de su particular personalidad musical, la cual le ha labrado la reputación de ser considerada la intérprete más importante de la música francesa entre todos los pianistas japoneses, hasta el punto que fue nombrada Chevalier des Arts et des Lettres por el gobierno francés en 1993.
Las atmósferas vaporosas del pianismo galo han marcado la brillante trayectoria de esta intérprete (premiada en la Marguerite Long-Jacques Thibaud Competition y presencia constante en los festivales de La Roque D’Anthéron o La Folle Journée) como lo ha hecho su vínculo indisociable con la figura de Chopin, seguramente el compositor pianístico romántico por antonomasia. Ebi ha mantenido esta comunión especial desde los años ochenta, cuando ganó el Quinto Premio de la International Chopin Piano Competition y fue acogida bajo la protección de quien ha sido su mentora, la gran Martha Argerich. En este sentido, Blair Sanderson comenta su admiración por su “profunda comprensión y simpatía por la música de Chopin”, admiración compartida por los prestigiosos directores y orquestas con los que ha colaborado durante más de treinta años, y que incluyen Ivry Gitlis, Augustin Dumay, Regis Pasquier, Angela Hewitt y Michel Dalberto entre otros, además de la propia Argerich en un aclamado concierto en dos pianos transmitido por televisión a todo el mundo.
Del mismo modo, ha grabado más de una decena de discos con obras del compositor polaco, así como los quintetos para piano y cuerdas de Webern, Franck y Pierné. Ha recibido el Grand Prix d’Or para la grabación de la obra de Dynamo-Victor Fumet. Akiko Ebi representa como pocos pianistas un amor incondicional este instrumento total que traspasa fronteras y que es un patrimonio humano intemporal.
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